La trayectoria de la científica Ada Yonath y el bioquímico Aaron Ciechanover ilustra el enorme peso que tiene Israel en la historia de los Premios Nobel, en particular en el campo de las ciencias naturales.
Ada Yonath nació en Jerusalén en 1939. En 2009 recibió el Premio Nobel de Química por sus estudios pioneros sobre la estructura del ribosoma, el componente celular encargado de fabricar proteínas. Su trabajo introdujo una nueva técnica de cristalografía —la criobiocristalografía— que facilitó el estudio de estructuras biológicas complejas y abrió camino al desarrollo de nuevos antibióticos. Con ese galardón, Yonath se convirtió en la primera mujer israelí en ganar un Nobel y en la primera mujer en el mundo en recibir el Nobel de Química en 45 años. Actualmente dirige el Centro Helen y Milton A. Kimmelman de Estructura Biomolecular, en el Instituto Weizmann.
Aaron Ciechanover, por su parte, nació en Haifa en 1947 y se formó en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en el Technion. En 2004 compartió el Premio Nobel de Química junto a su compatriota Avram Hershko y al investigador estadounidense Irwin Rose, por el descubrimiento del sistema de degradación de proteínas mediado por la ubiquitina, un mecanismo celular esencial cuyo mal funcionamiento está vinculado a enfermedades como distintos tipos de cáncer y patologías neurológicas e inmunológicas. Ciechanover continúa activo como docente e investigador en el Technion y también abrió, en 2018, un instituto de medicina de precisión y regenerativa en un campus universitario en China.

Ambos casos se enmarcan en una lista que ya suma una docena de laureados israelíes en distintas disciplinas, entre ellos los también químicos Avram Hershko y Dan Shechtman, el matemático Robert Aumann, el economista y psicólogo Daniel Kahneman, y el escritor Shai Agnon, además de figuras políticas como Menachem Begin, Isaac Rabin y Shimon Peres, reconocidos con el Nobel de la Paz.
Yonath y Ciechanover no solo comparten el prestigio del galardón, sino también un compromiso público con la independencia de las instituciones científicas de Israel: ambos formaron parte, junto a Hershko, de los científicos israelíes distinguidos con el Nobel que firmaron un manifiesto expresando su preocupación por reformas al sistema judicial impulsadas en el país, en defensa de la libertad de investigación y del funcionamiento autónomo de la academia.
La concentración de premios Nobel científicos en un país de apenas nueve millones de habitantes suele destacarse como un indicador del desarrollo del sistema universitario y de investigación israelí, con instituciones como el Instituto Weizmann, el Technion y la Universidad Hebrea de Jerusalén como principales semilleros de estos logros.
Pablo Altclas
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