Israel avanza en las negociaciones con Washington para redefinir su relación de defensa sobre nuevas bases. El objetivo de Jerusalén es reemplazar en forma gradual la ayuda militar estadounidense por un esquema de cooperación recíproca, centrado en la coproducción industrial, el desarrollo tecnológico conjunto y el acceso compartido a propiedad intelectual, según informó The Times of Israel.
En junio, representantes del Ministerio de Defensa israelí y de la administración de Donald Trump lanzaron formalmente las conversaciones sobre el próximo marco de cooperación. De acuerdo con el ministerio, el acuerdo buscará fortalecer la ventaja militar cualitativa de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) mediante una mayor inversión conjunta en investigación, desarrollo y coproducción, profundizar la alianza demostrada durante la Operación León Rugiente —la campaña conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán en 2026— y avanzar hacia una asociación completamente recíproca.
La iniciativa está en línea con lo planteado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, quien en enero declaró a The Economist que buscaba reducir progresivamente la ayuda militar estadounidense en los próximos diez años, hasta llevarla a cero.
De la asistencia a la sinergia
Aviram Hasson, director de la misión del Ministerio de Defensa en Estados Unidos y Canadá, confirmó a The Times of Israel que las conversaciones continúan. Según explicó, en lugar de asistencia financiera, la nueva relación se enfocará en la producción masiva conjunta, componentes especializados, desarrollo tecnológico, acceso a propiedad intelectual y trabajo compartido frente a desafíos comunes de defensa. «Cada parte aporta sus mejores capacidades, sus fortalezas, y esto crea una sinergia. Uno más uno es igual a tres», afirmó.
Hasson señaló que, sin el financiamiento militar extranjero, las compras en Estados Unidos se pagarían cada vez más con fondos del Estado israelí. Esa tendencia ya se aceleró desde el inicio de la guerra en Gaza, tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023: desde entonces, Israel destinó entre USD 3.300 y 3.400 millones de fondos propios a compras en Estados Unidos para necesidades bélicas.
El actual memorándum de entendimiento, negociado con la administración de Barack Obama para el período 2019-2028, establece un aporte anual de USD 3.300 millones en financiamiento militar extranjero, en gran parte destinado a la compra de armamento estadounidense, y otros USD 500 millones por año para defensa antimisiles. Según The Times of Israel, esa ayuda representa una porción cada vez menor del gasto militar israelí, a medida que crecieron la economía y el presupuesto de defensa del país.
Lo que Israel aporta a Washington
Los defensores del nuevo modelo destacan el valor estratégico que Israel ofrece como innovador militar en una región sensible. Hasson subrayó los avances de ingeniería y la propiedad intelectual surgidos del desarrollo de los sistemas de defensa activa israelíes, y aseguró que cada pedido del gobierno estadounidense de tecnología derivada del programa antimisiles balísticos Arrow 3 fue atendido. «Está claro a ambos lados del océano que esta cooperación es una necesidad estratégica de ambas potencias, no solo de Israel», sostuvo.
Richard Goldberg, asesor sénior de la Foundation for Defense of Democracies y presidente de la Defense Technology Alliance, planteó que Israel puede innovar y probar con rapidez, mientras que la base industrial estadounidense puede aportar la escala de fabricación. «Se puede pasar muy rápido de la nación startup a la nación scale-up si existe el marco regulatorio adecuado», afirmó.
Goldberg citó como ejemplo el AUKUS, la alianza de seguridad y tecnología militar firmada en 2021 entre Estados Unidos, Australia y el Reino Unido. Bajo un modelo similar, la propiedad intelectual israelí podría incorporarse a sistemas estadounidenses, las empresas israelíes podrían ampliar su producción en Estados Unidos y los grandes contratistas de defensa estadounidenses podrían adquirir o integrar tecnologías israelíes. Según Goldberg, esto convertiría la relación en una inversión en la industria, el empleo y la capacidad militar de Estados Unidos. «En lugar de pensar en Estados Unidos como el respaldo de las municiones israelíes, Israel también puede convertirse en una reserva cuando Estados Unidos esté presionado en otras partes del mundo», agregó.
Drones y presencia regional
Uno de los campos con mayor potencial es el de los drones y la defensa antidrones. De acuerdo con The Times of Israel, mientras Ucrania produce unos 8 millones de drones por mes en su guerra contra Rusia, el Departamento de Guerra de Estados Unidos busca alcanzar esa capacidad sin recurrir a componentes chinos. Israel, que reforzó su producción de drones y sus innovaciones en detección de aeronaves no tripuladas enemigas frente a Hezbollah en su frontera norte, ya comenzó a proveer tecnologías antidrones al Pentágono a través de empresas israelíes.
Israel también ofrece ventajas para la presencia militar estadounidense en Medio Oriente, con espacio para bases y centros de reabastecimiento, acceso regional para las fuerzas estadounidenses y mayor interoperabilidad. Según el medio, varias bases estadounidenses cercanas a Irán fueron atacadas y evacuadas durante el conflicto de este año, mientras que Israel cuenta con sistemas de defensa muy avanzados. No obstante, su reducido tamaño limita esa capacidad: durante la guerra con Irán, los aviones cisterna estadounidenses que operaron desde el Aeropuerto Ben Gurión afectaron la actividad comercial hasta que Israel pidió su retiro.
El contexto en Washington
El debate se da en un escenario político más exigente en Estados Unidos. Sectores de ambos partidos cuestionan la continuidad de la ayuda militar: parte de los demócratas progresistas busca restringir fondos o ventas de armas, mientras que parte de la base republicana objeta subsidiar a aliados en el exterior. En junio, el vicepresidente JD Vance afirmó que, en los tres meses previos, dos tercios de las armas defensivas que protegieron a Israel habían sido fabricadas y financiadas por Estados Unidos.
Las encuestas también reflejan un cambio en la opinión pública. Según el analista jefe de datos de CNN, desde la primavera boreal los sondeos nacionales de Ipsos, Fox News, la Facultad de Derecho de la Universidad Marquette y Pew Research Center mostraron una imagen neta negativa de Israel, con una diferencia de entre 10 y 23 puntos. La cadena indicó además que el 55% de los estadounidenses cree que la ayuda militar a Israel debería reducirse o terminar. Un sondeo de la Universidad Quinnipiac publicado a fines de junio registró que el 48% de los votantes considera que Estados Unidos es «demasiado favorable» a Israel, la cifra más alta desde 2017.
Dan Shapiro, ex embajador de Estados Unidos en Israel y negociador del memorándum vigente, advirtió que existe una brecha entre el valor que el ejército y la industria de defensa estadounidenses asignan a la cooperación con Israel y la forma en que ese tema resonará en el discurso político. Según Shapiro, el desafío del nuevo marco pasa menos por el monto del financiamiento que por la gestión de las aprobaciones de exportación de armas, la revisión del Congreso y la política de cada administración.
Señales de respaldo
Pese a ese contexto, la administración Trump mantiene un firme respaldo en materia de defensa. En julio, la Cámara de Representantes aprobó el proyecto anual de política de defensa, que incluye propuestas para profundizar los vínculos militares y de inteligencia con Israel. El mes pasado, funcionarios estadounidenses informaron que el gobierno prepara una venta de municiones a Israel por USD 2.800 millones, que incluye decenas de miles de bombas de 2.000 libras, el mismo tipo de armamento que la administración de Joe Biden retuvo en 2024.
Hasson destacó el nivel de cooperación alcanzado durante las recientes guerras de Israel. «Hay un espíritu en la actual administración de que Israel es un socio, y eso impregna al Departamento de Defensa. Impregna a las industrias de defensa», afirmó. Según relató, decenas de empresas y funcionarios militares estadounidenses colaboraron de manera extraordinaria: algunas compañías aceleraron entregas o redirigieron envíos destinados a otros clientes, mientras que oficiales del Ejército y la Fuerza Aérea de Estados Unidos reorganizaron sus agendas para atender los requerimientos israelíes.
