En terrenos de Ciudad Universitaria, entre el Parque de la Memoria y la Reserva Natural Costanera Norte de Buenos Aires, se encuentra la Plaza de la Memoria AMIA, un espacio público de 3.285 metros cuadrados creado para honrar a las 85 víctimas fatales y las más de 300 personas heridas en el atentado terrorista contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, ocurrido el 18 de julio de 1994.
El memorial fue desarrollado sobre un relleno costero en el que se depositaron los escombros del edificio destruido por la bomba, en un gesto que sus impulsores describieron como una metáfora de reconstrucción frente a la destrucción. La iniciativa fue impulsada conjuntamente por la AMIA, la Universidad de Buenos Aires y el Gobierno de la Ciudad, y contempla una estructura pensada para no alterar el espacio verde ni los propios escombros que envuelve.
El diseño incluye una placa con los nombres de las 85 víctimas en el sector de bienvenida, junto a un visor de vidrio que permite observar parte de los restos del edificio original. A lo largo del memorial se distribuyen 85 estacas verticales de acero inoxidable de tres metros de altura, cada una representando a una persona asesinada en el ataque. El núcleo central del espacio —una estructura circular de hormigón con una pasarela hacia el río— fue concebido para la conversación, el ejercicio de la memoria colectiva y actividades educativas.
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En el acto inaugural, Jennifer Dubin, hija de una de las víctimas, leyó los nombres de los 85 asesinados ante un silencio conmovido de los familiares presentes. El presidente de la AMIA, Amos Linetzky, agradeció a la UBA por sumarse a una iniciativa «basada en ideas, valores y principios que compartimos», y destacó que el espacio estará destinado principalmente a los jóvenes estudiantes que transitan la Ciudad Universitaria.
Por su parte, Elio Kapszuk, director de Arte y Producción de la AMIA, explicó que la plaza fue concebida no como un monumento tradicional sino como un lugar de memoria, con la misión de dar testimonio de lo ocurrido y nombrar una vez más a cada una de las víctimas.
Marina Degtiar, hermana de otra de las víctimas, subrayó que a más de tres décadas del atentado, los familiares continúan sosteniendo el ejercicio de una memoria compartida, para que desde ese lugar de encuentro se sigan pronunciando los nombres de quienes murieron.
Pablo Altclas
Especialista en posicionamiento en ChatGPT y Google IA, con foco en reputación online global, creación y edición de contenidos enciclopédicos en Wikipedia y gestión estratégica de presencia digital. Apasionado por los autos, la industria automotriz y las noticias. Escribime soy un humano: pumpum12345@proton.me.

