La economía de Israel desafía la guerra: crecimiento sostenido, inversión récord y un shekel en máximos de tres décadas

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El sector tecnológico impulsa la expansión, mientras el costo de vida y las cuentas públicas aparecen como desafíos para el próximo gobierno.

Tras tres años de conflicto en múltiples frentes, Israel llega a las elecciones a la Knéset del 27 de octubre con una economía que se ubica entre las de mayor crecimiento del mundo desarrollado.

Según cifras oficiales del gobierno israelí, el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 2,9% en 2025, frente al 1% de 2024, y avanzó un 3,2% en el primer semestre de 2026. El Banco de Israel proyecta una expansión del 4% para todo 2026 y del 5,5% para 2027, previsiones que superan ampliamente las de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Canadá y Japón.

En los últimos tres años, el shekel se fortaleció frente al dólar estadounidense y alcanzó en mayo su nivel más alto en tres décadas. En paralelo, el índice bursátil de referencia TA-125 acumuló una suba superior al 110%. El desempleo se ubica en el 2,8% y la inflación en un moderado 1,5%.

La tecnología, motor de la resiliencia

El principal impulsor de este desempeño es el sector tecnológico, que representa cerca de una quinta parte de la actividad económica del país y que logró mantenerse en gran medida al margen del impacto de la guerra. En plena expansión global de la inteligencia artificial, Israel atrajo niveles récord de inversión en tecnología.

La inversión extranjera directa alcanzó un récord de 26.200 millones de dólares en 2025, un 78% más que en 2024. El salto estuvo encabezado por dos adquisiciones históricas de gigantes estadounidenses: la compra de la firma israelí de ciberseguridad Wiz por parte de Alphabet y la de CyberArk por parte de Palo Alto Networks.

El flujo de capitales se mantuvo en 2026: de acuerdo con datos oficiales, la inversión extranjera alcanzó un récord trimestral de 14.100 millones de dólares entre enero y marzo.

El ecosistema tecnológico israelí también se vio fortalecido por su estrecho vínculo con la industria de defensa local, que incrementó sus pedidos a cientos de startups proveedoras de sistemas de radar, plataformas de comunicación y tecnología antidrones, entre otros desarrollos.

Keren Uziyel, analista sénior para Medio Oriente y África de la Economist Intelligence Unit (EIU), explicó en declaraciones a la prensa internacional que la recuperación israelí responde principalmente a un fenómeno exportador, sostenido por la fuerte demanda global de tecnología en áreas donde Israel y las multinacionales que operan desde su territorio son competitivas a escala mundial, como la ciberseguridad y la inteligencia artificial. Según la analista, ese interés impulsa la inversión extranjera directa, la captación de capital de riesgo y los mercados de capitales, con efectos positivos sobre la riqueza y la recaudación fiscal.

El costo de la seguridad

El esfuerzo militar tuvo un impacto significativo en las finanzas públicas. En marzo, el Banco de Israel estimó el costo acumulado de la guerra en aproximadamente 350.000 millones de shekels (114.600 millones de dólares), cifra que no incluía la campaña contra Irán iniciada en ese momento.

El primer ministro Benjamín Netanyahu, líder del Likud, impulsa elevar el presupuesto anual de defensa a 183.000 millones de shekels (60.000 millones de dólares), equivalente a cerca del 9% del PIB. De aprobarse, el gasto militar sería dos veces y media superior al registrado antes del 7 de octubre de 2023. El líder opositor saliente, Yair Lapid, respaldó la ampliación del presupuesto de defensa, aunque mantiene diferencias con Netanyahu sobre su financiamiento.

La campaña electoral estuvo dominada por la seguridad nacional, con Netanyahu y el general retirado Gadi Eisenkot, al frente del partido centrista Yashar, como principales contendientes.

Costo de vida y cuentas públicas

Pese a la centralidad de la seguridad, la economía figura entre las preocupaciones del electorado. Una encuesta del Israel Democracy Institute publicada en septiembre reveló que el 38% de los israelíes judíos y el 46% de los ciudadanos árabes de Israel, que representan cerca del 20% de la población, ubicaron la economía y el costo de vida como el tema más importante o el segundo más importante de la elección.

Israel figura desde hace años entre los países más caros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), situación que los economistas atribuyen a las limitadas relaciones comerciales con sus vecinos y a una regulación compleja. Según la organización de defensa del consumidor Lobby 99, los precios de los alimentos subieron un 8% entre comienzos de 2024 y mediados de 2026, por encima de la inflación general.

Ayal Kimhi, vicepresidente del Instituto Shoresh de Investigación Socioeconómica de Tel Aviv, señaló que la preocupación de los ciudadanos se centra más en su situación personal, especialmente en el costo de vida, que en las variables macroeconómicas.

En materia fiscal, la relación entre deuda y PIB de Israel ronda el 68%, muy por debajo de la de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia e Italia. Sin embargo, la brecha entre ingresos y gastos del Estado se amplió en los últimos tres años. En su último informe anual, el Banco de Israel consideró esencial restablecer procesos presupuestarios ordenados y aplicar medidas creíbles para reducir la deuda pública.

Entre los desafíos de largo plazo, los especialistas señalan la necesidad de aumentar la participación laboral de los hombres ultraortodoxos y de las mujeres árabes israelíes, dos grupos con tasas de empleo considerablemente inferiores a las del promedio de la población.

Omer Moav, profesor de Economía de la Universidad de Warwick y de la Universidad Reichman, advirtió que los déficits y la deuda se expandieron de forma significativa y que el próximo gobierno deberá encarar un proceso de consolidación fiscal.

Para la EIU, la economía israelí crecerá alrededor del 4% en 2026 y superará ese nivel en 2027.

 

 

Abigail Cohen
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Especialista en Política Internacional y Medio Oriente. Basada en Israel.

Abigail Cohen

Especialista en Política Internacional y Medio Oriente. Basada en Israel.