Canadá y once países europeos anunciaron este martes su intención de restringir el comercio con los asentamientos israelíes en Cisjordania. Horas después, Israel respondió con una represalia diplomática directa: el cierre del consulado general británico en Jerusalén Este.
Francia, Reino Unido, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal y Suecia firmaron una declaración conjunta en la que expresaron su intención de aplicar medidas nacionales o impulsar iniciativas similares dentro de la Unión Europea. El presidente francés, Emmanuel Macron; el primer ministro británico, Andy Burnham, y el jefe de gobierno canadiense, Mark Carney, coincidieron en la necesidad de actuar frente al avance de los asentamientos.
El ministro de Exteriores británico, Ed Miliband, confirmó ante la Cámara de los Comunes que Londres prohibirá la importación de productos de los asentamientos y restringirá servicios vinculados como financiación, construcción y publicidad. El funcionario acusó al gobierno israelí de tolerancia frente a la violencia de colonos, una caracterización que Jerusalén rechazó de plano.
El canciller israelí, Gideon Saar, calificó de falsas las acusaciones británicas y confirmó el cierre del consulado como respuesta directa. Israel anunció además que Reino Unido dejará de participar en la misión de coordinación para Gaza liderada por Estados Unidos y que diez ciudadanos británicos tendrán prohibido el ingreso al país.
El presidente Isaac Herzog había advertido previamente que una sanción de este tipo representaría una injerencia grave en un proceso electoral soberano, en referencia a las elecciones israelíes de octubre. El ministro de Seguridad Pública, Itamar Ben-Gvir, había reclamado él mismo el cierre del consulado británico horas antes del anuncio oficial.
Desde Washington, el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, calificó las sanciones como una forma de discriminación contra el pueblo judío y advirtió sobre posibles repercusiones de Estados Unidos hacia Londres. Según la oficina de Burnham, el primer ministro británico había hablado el lunes con el presidente Donald Trump para transmitirle su compromiso con la paz regional, aunque no trascendió la respuesta del mandatario norteamericano.
El gobierno británico reconoció el Estado palestino el año pasado y ya había sancionado previamente a colonos y puestos de avanzada específicos. La nueva medida amplía ahora esa presión al plano comercial, en el marco de un deterioro sostenido de la relación entre Londres y Jerusalén.
