Los partidos árabe-israelíes alcanzan 19 bancas y emergen como un factor clave para la formación del próximo gobierno en la Knesset.
Israel aguarda el escrutinio definitivo de las elecciones legislativas del 27 de octubre para conocer la conformación del próximo gobierno. Con el 76,8% de las urnas contabilizadas, los resultados parciales de la Comisión Electoral Central otorgan 54 escaños al bloque de derecha y religioso que encabeza el primer ministro Benjamin Netanyahu y 47 a la alianza liderada por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, del partido Yashar.
El Likud se mantiene como la fuerza más votada, con 27 bancas proyectadas, por delante de Yashar, que ronda las 20. Ninguno de los dos bloques alcanza los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría en la Knesset, de 120 miembros.
El recuento mostró variaciones durante la jornada. Con dos tercios de las mesas escrutadas, el oficialismo llegaba a 56 escaños frente a 48 de la oposición, mientras que los sondeos a boca de urna del Canal 12 habían proyectado 52 bancas para Netanyahu y 49 para Eisenkot.
Un dato central es el crecimiento de los partidos árabe-israelíes, que suman 19 escaños, frente a los 10 que ocupan en la Knesset saliente. Ese resultado los convierte en un factor determinante: el bloque de Eisenkot solo podría acercarse a la mayoría con su apoyo, una alternativa que genera resistencias en parte de la oposición.
Ambos dirigentes reclamaron al presidente Isaac Herzog el mandato para formar coalición. Desde la sede del Likud en Jerusalén, Netanyahu pidió esperar los «resultados reales» y defendió la conformación de un gobierno de «derecha fuerte». Eisenkot sostuvo que los datos preliminares reflejan desconfianza hacia el gobierno del 7 de octubre, en alusión al ataque de Hamas de 2023, y prometió hacer «todo lo posible» para formar un gobierno sionista sin el actual premier.
La decisión quedará en manos de Herzog una vez concluido el recuento oficial.

