Más de 50.000 ciudadanos residentes fuera de Israel regresarán para emitir su voto, según estimaciones de la organización estadounidense Aid Coalition. Para muchos de ellos, se trata de una de las elecciones más importantes en la historia del país.
Liran Naaman, gerente de proyectos que vive en Ámsterdam desde hace 11 años, desembolsó 800 euros (cerca de 900 dólares) para viajar a Israel y votar en las elecciones legislativas del 27 de octubre. Según declaró a la agencia AFP, regresó para votar en todos los comicios salvo durante la pandemia de Covid-19, y considera que esta vez su participación tiene más peso que nunca.
La votación es interpretada por amplios sectores como un referéndum sobre la gestión del primer ministro Benjamin Netanyahu y su coalición de gobierno, tras el 7 de octubre y casi tres años de guerra en los frentes de Gaza, Irán y el Líbano. Las encuestas anticipan una competencia ajustada.
Israel figura entre las pocas democracias que no habilitan el voto a sus ciudadanos desde el exterior: quien desee sufragar debe hacerlo presencialmente en el país. De acuerdo con AFP, la llegada de votantes desde el extranjero generó preocupación en el bloque oficialista, dado que decenas de miles de israelíes dejaron el país durante el actual mandato.
Según la Aid Coalition, una organización con sede en Estados Unidos dedicada a la promoción de la democracia israelí, más de 50.000 israelíes viajarán al país para votar.
Religión, Estado y valores
Para Sylvie Lidgi, jubilada parisina con doble nacionalidad francesa e israelí, el país enfrenta una disyuntiva entre dos visiones del mundo: la Torá como constitución o una democracia liberal. Lidgi votó por última vez en Israel en 1973, ya que desde entonces consideraba inapropiado hacerlo mientras residía en el exterior. «Pero este año es realmente diferente. Se trata de valores», explicó a AFP.
La relación entre religión y Estado también resulta determinante para Tami Giniger, consultora de startups que viajará desde Bangkok. «Es un momento crucial para definir qué es lo israelí, qué es el judaísmo y cómo se articulan», señaló. Y agregó: «Me encanta que Israel sea un Estado judío, pero no creo que necesite ser fanático».
La iniciativa Fly & Vote y la objeción del Likud
La Aid Coalition lanzó Fly & Vote, una iniciativa que define como apartidaria, para asistir a los israelíes en el exterior que deseen regresar a votar. El programa brinda información sobre la ubicación de los centros de votación y los requisitos de identificación, y facilita el traslado mediante la compra y reventa de asientos en vuelos comerciales, e incluso, en algunos casos, el fletamento de aeronaves.
A comienzos de septiembre, el Likud, partido de Netanyahu, presentó una petición ante el Comité Central Electoral en la que acusó a la iniciativa de cohecho electoral. El presidente de la Aid Coalition, Jonathan Barsade, afirmó a AFP que la acusación carece de todo fundamento y que la organización no ofrece incentivos económicos.
Un acuerdo alcanzado la semana pasada obliga a la entidad a dejar de vender nuevos pasajes en el marco del programa, aunque los boletos ya adquiridos mantienen su validez.
«Tenés que estar acá y sufrir con nosotros»
Mientras algunos israelíes en el exterior reclaman poder votar en las embajadas, Naaman valora la exigencia de regresar y conocer la realidad del país antes de decidir su voto. «Estar en Israel da una perspectiva muy distinta a la de estar afuera», sostuvo.
El votante relató que, cuando sus familiares lo visitan en Ámsterdam, temen que Europa se haya derrumbado, mientras que desde su lado percibe que en Israel conviven con misiles iraníes de manera cotidiana. Sus allegados le reprocharon haber permanecido en el exterior durante la guerra y volver solo para votar. Según contó, el mensaje que recibió fue: «Tenés que estar acá y sufrir con nosotros para ganarte ese privilegio».
El vínculo con el país, a pesar de la distancia
Los entrevistados coincidieron en que la política israelí sigue afectándolos profundamente. Giniger afirmó sentir la responsabilidad de influir con su voto en cómo se percibe a judíos e israelíes en el mundo, en un contexto de creciente antisemitismo. A su juicio, el resultado electoral definirá las relaciones de Israel con el resto del mundo: «Esas alianzas y la forma en que el mundo nos ve son cruciales para nosotros».
Ariella Hanker, de 44 años, investigadora en oncología radicada en Dallas, nació en Israel de padres estadounidenses. Judía observante, creció en Estados Unidos pero mantuvo siempre un fuerte lazo con su país natal. Tras el regreso de Netanyahu al poder en 2022 y el impulso de la reforma judicial, decidió volver para la siguiente elección. «No sé si mi voto realmente cambiará algo, pero es algo personal. No quiero ser complaciente», dijo. «Me preocupa el futuro de un Israel fuerte y democrático, y quiero poder decirme que hice lo que estaba a mi alcance».
