Rabat suspendió sin aviso las visas para taiwaneses y expone la lógica que guía su diplomacia

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La embajada marroquí en Tokio dejó de recibir solicitudes de portadores de pasaporte taiwanés, según denunció una de las mayores agencias de viajes de la isla. La medida, sin explicación oficial, ilustra hasta qué punto la obsesión de Rabat con el Sahara Occidental ordena sus prioridades exteriores, en el mismo período en que su asociación con Israel alcanza su punto más alto.

Los ciudadanos taiwaneses que planeaban viajar a Marruecos se toparon con un obstáculo inesperado. Lion Travel, una de las principales agencias de viajes de Taiwán, informó que la embajada del reino norafricano en Japón suspendió sin previo aviso la recepción de solicitudes de visa para portadores de pasaporte taiwanés, un trámite que hasta ahora constituía la única vía de ingreso regular al país.

Un circuito consular atípico, ahora interrumpido

Como Taiwán y Marruecos no mantienen relaciones diplomáticas y Rabat carece de representación en Taipéi, los viajeros de la isla debían canalizar sus solicitudes a través de la embajada marroquí en Tokio. El mecanismo funcionaba mediante una carta de autorización: la sede diplomática remitía cada pedido a las autoridades del reino y, una vez aprobado, el documento habilitaba al solicitante a obtener la visa a su llegada a un aeropuerto marroquí. El proceso completo demoraba entre uno y dos meses, por lo que las agencias recomendaban iniciarlo con seis a ocho semanas de anticipación.

Esa vía quedó ahora cortada sin explicación oficial. La suspensión afecta tanto al turismo como a los viajes de negocios hacia uno de los destinos norafricanos de mayor crecimiento entre los viajeros asiáticos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán confirmó que tomó contacto con las autoridades marroquíes a través de sus misiones en el exterior para esclarecer la situación, aunque hasta el momento no obtuvo respuesta. La cancillería indicó que continuará monitoreando el caso y recomendó a los taiwaneses con planes de viaje al reino, por negocios o turismo, evaluar cuidadosamente sus itinerarios.

El Sahara Occidental como brújula

La explicación más plausible del gesto no está en Taipéi sino en El Aaiún. La política exterior marroquí gira, desde hace décadas, alrededor de un único eje: consolidar el reconocimiento internacional de su soberanía sobre el Sahara Occidental. Todo lo demás —alianzas, votos en organismos multilaterales, apertura o cierre de canales consulares— se subordina a ese objetivo.

Desde esa perspectiva, cualquier gesto que pueda interpretarse como legitimación de una entidad con estatus territorial disputado resulta incómodo para Rabat. Y Beijing, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU con voz decisiva en el expediente saharaui, tiene canales más que suficientes para hacer notar su malestar frente a cualquier avance en el trato con Taiwán. La suspensión de visas, aunque técnicamente administrativa, encaja en ese cálculo con demasiada nitidez como para atribuirla al azar.

El contraste israelí

El episodio adquiere especial relieve al compararlo con la trayectoria opuesta que Rabat recorre con Jerusalén. Fue precisamente ese mismo cálculo territorial el que condujo a Marruecos a los Acuerdos de Abraham: la normalización de diciembre de 2020 llegó de la mano del reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, y en julio de 2023 Israel formalizó su propio reconocimiento, allanando el camino para elevar las oficinas de enlace a la categoría de embajadas.

Desde entonces el vínculo no dejó de profundizarse. La cooperación en defensa —iniciada con el memorando de entendimiento de 2021— derivó en adquisiciones de sistemas israelíes, y en enero de este año ambos países establecieron un plan de trabajo militar conjunto. Rabat comprometió además personal para la fuerza de estabilización en Gaza, un paso que confirma su disposición a asumir responsabilidades regionales junto a Israel y no solo a firmar declaraciones.

Como Taiwán y Marruecos no mantienen relaciones diplomáticas y Rabat carece de representación en Taipéi, los viajeros de la isla debían canalizar sus solicitudes a través de la embajada marroquí en Tokio.

A todo eso se suma el capítulo humano, que en el caso marroquí no es un detalle secundario: más de un millón de israelíes son de origen marroquí, los vuelos directos entre Tel Aviv y Marrakech se convirtieron en una ruta consolidada, y decenas de miles de israelíes visitan cada año el país de sus abuelos. La comunidad judía marroquí, cuyos derechos están reconocidos en la constitución de 2011, funciona como puente vivo de una historia de convivencia de más de dos milenios.

Pasaportes que abren y pasaportes que cierran

Hay una ironía que conviene señalar. El mismo Estado que cerró su ventanilla consular a los taiwaneses la abrió de par en par a los israelíes, en un continente donde varios países todavía se niegan a estampar un sello en un pasaporte con la estrella de David. La diferencia no es moral sino estratégica: Marruecos calibra cada decisión consular en función de lo que le devuelve en el expediente saharaui, y en esa contabilidad Israel suma mientras Taiwán resta.

Para los taiwaneses, el episodio se suma a una serie de fricciones recientes en torno al tratamiento de su pasaporte en distintos países, un terreno donde la ausencia de reconocimiento diplomático los deja expuestos a decisiones unilaterales sin canales formales de reclamo. Es una experiencia que en Israel resulta reconocible: el pasaporte como campo de batalla diplomático, donde la exclusión se ejerce sin necesidad de declaraciones altisonantes, simplemente dejando de recibir solicitudes.

Queda por ver si la medida responde a una cuestión administrativa transitoria o a un cambio de política de fondo. Pero el mensaje que Rabat envía, deliberadamente o no, es que su brújula exterior tiene una sola aguja, y que quienes se alinean con ella encuentran las puertas abiertas.

Etiquetas: Marruecos, Israel, Taiwán, Acuerdos de Abraham, Sahara Occidental, Rabat, Jerusalén, visas, pasaporte taiwanés, diplomacia, política exterior, China, normalización, comunidad judía marroquí, Tel Aviv, cooperación militar, Gaza, reconocimiento internacional, Taipéi, Norte de África

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