La ciudad portuaria jordana, a pocos kilómetros de Eilat, quedó en el centro de la nueva ofensiva de Teherán. Dos soldados estadounidenses muertos, el misterio sobre el paradero de Mojtaba Khamenei y la disputa por el Estrecho de Ormuz alimentan el retorno a la guerra abierta.
El ejército israelí confirmó la detección de misiles lanzados desde Irán hacia la ciudad jordana de Aqaba, adyacente al territorio israelí, en una nueva escalada del conflicto que enfrenta a Teherán con Estados Unidos tras el colapso del alto el fuego interino firmado hace un mes.
Horas antes del anuncio israelí, la embajada estadounidense en Ammán había advertido a sus ciudadanos que se mantuvieran alejados de los puertos aéreos y marítimos de Aqaba ante lo que describió como una «amenaza específica y creíble». La advertencia generó confusión: la agencia estatal de noticias jordana, citando a un vocero gubernamental, aseguró que ni el aeropuerto ni el puerto habían sido evacuados y que no se habían detectado amenazas en las horas recientes. El aeropuerto de Aqaba se encuentra a pocos kilómetros de la frontera jordano-israelí y de la ciudad de Eilat, en el sur de Israel.
Finalmente, Jordania informó a través de su agencia estatal que derribó tres misiles, mientras que un cuarto cayó en una zona remota, sin heridos ni daños materiales. El reino hachemita, uno de los aliados más cercanos de Washington en la región, alberga personal militar estadounidense en varias bases de su territorio. Precisamente en uno de esos ataques iraníes del fin de semana murieron dos soldados norteamericanos y un tercero permanece desaparecido. Videos que circulan en redes sociales, aún no verificados, mostrarían un bombardeo sobre la base aérea Muwaffaq Salti, a unos 100 kilómetros al este de Ammán.
Irán declaró que las bases y los soldados estadounidenses que operan en el Golfo Pérsico y más allá son blancos legítimos, tras el octavo día consecutivo de ataques estadounidenses sobre su territorio. El Comando Central de EE.UU. informó que la última ronda de bombardeos alcanzó sistemas de vigilancia iraníes y depósitos de misiles y drones, mientras que medios estatales iraníes, citando a la agencia atómica del país, denunciaron el impacto sobre el sitio de una central nuclear en construcción en la región de Darkhovin. Las sirenas de alerta sonaron durante horas en Kuwait y Bahréin, siguiendo el patrón iraní de golpear a los estados del Golfo como respuesta.
La persistencia de los ataques iraníes, en particular los dirigidos contra Jordania, pone en duda la insistencia de Washington y Jerusalén en que gran parte de los lanzadores y arsenales del régimen habían sido destruidos en las fases iniciales de la guerra.

A la complejidad del escenario se suma un enigma político mayúsculo: la ausencia continuada del nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, que no ha aparecido en público desde que sucedió a su padre, Ali Khamenei, y ni siquiera asistió a la semana de funerales junto a sus hermanos. Desde hace meses circula la versión de que resultó gravemente herido en el ataque que mató a su padre el primer día de la guerra. El medio saudita Al Hadath, citando una fuente de seguridad israelí, reportó que ni siquiera se encontraría en Irán, y que los comunicados que se le atribuyen —leídos por la televisión estatal— serían en realidad redactados por asesores y miembros de la Guardia Revolucionaria. El último de esos mensajes, difundido el fin de semana, calificó la firma del presidente estadounidense de «completamente inválida y sin valor» y advirtió que Irán y el «Frente de Resistencia» tienen «lecciones inolvidables» reservadas para el enemigo.
El retorno a las hostilidades se alimentó de la disputa por el Estrecho de Ormuz, el angosto corredor marítimo que Irán cerró en el punto más álgido de la guerra. La Guardia Revolucionaria informó que cuatro buques intentaron atravesar la vía por una «ruta insegura» apagando sus sistemas de rastreo: dos sufrieron accidentes y quedaron varados, y los otros dos abandonaron el rumbo. La semana pasada, Donald Trump había anunciado planes para que Estados Unidos tomara el control del estrecho y cobrara una tarifa de tránsito a los estados del Golfo, aunque desistió del cobro horas antes de su entrada en vigor tras el lobby de los países afectados. Washington reimpuso, en cambio, un bloqueo total sobre los puertos y buques iraníes de la región, mientras Teherán amenaza con activar a sus aliados hutíes en Yemen para cerrar el estrecho de Bab el Mandeb, la puerta de entrada al Mar Rojo.
Pese a la continuidad de los golpes cruzados, los combates no han recuperado la intensidad de marzo y abril, e Israel —uno de los instigadores del conflicto— no ha vuelto a entrar en la contienda. Medios israelíes reportan, sin embargo, el arribo de más aeronaves estadounidenses a la región, tanto cazas como aviones de reabastecimiento, ante una posible escalada. La presencia de esos aparatos en el aeropuerto Ben Gurión ya genera disrupciones concretas: los grandes aviones militares ocupan espacio y limitan la cantidad de vuelos comerciales que pueden operar desde Tel Aviv en plena temporada alta de turismo.
