Las claves detrás del crecimiento económico israelí pese a casi tres años de guerra

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Karnit Flug, expresidenta del Banco Central israelí, analiza los fundamentos macroeconómicos que explican la resiliencia del país y el rol central del sector tecnológico.

Israel atraviesa su tercer año consecutivo de guerra en múltiples frentes: contra Hamás en Gaza, contra Hezbollah en el sur del Líbano, contra los hutíes en Yemen y contra la República Islámica de Irán, a 1.500 kilómetros de Tel Aviv. El costo económico ha sido considerable: miles de millones de dólares en gasto militar, decenas de miles de reservistas movilizados que dejaron sus puestos de trabajo, un fuerte impacto en la salud pública por los traumas físicos y psicológicos de la sociedad, y pérdidas significativas en turismo y construcción por la escasez de mano de obra, en gran parte de origen palestino.

Pese a ese contexto, los indicadores macroeconómicos israelíes se mantienen sólidos. La Bolsa de Tel Aviv (TASE) acumuló un alza de casi el 100% entre octubre de 2023 y mediados de 2026, superando los máximos previos a la guerra. Las proyecciones del FMI ubican el crecimiento del país para el año en curso entre el 3,5% y el 3,8%, por encima del promedio de todos los países de la OCDE, mientras que la inflación se mantiene en torno al 2% anual.

Para analizar este fenómeno, la doctora Karnit Flug, expresidenta del Banco Central de Israel, ofreció su lectura sobre los fundamentos detrás de esta resiliencia económica. Flug, doctora en economía graduada en la Universidad Hebrea y la Universidad de Columbia, ingresó como investigadora al Banco Central de Israel en 1988 y desarrolló allí una carrera de 30 años. Entre 2013 y 2018 presidió la entidad, siendo la única mujer en la historia del país en ocupar ese cargo, con una gestión reconocida por mantener la inflación dentro de los objetivos trazados. Actualmente es investigadora senior en el Israel Democracy Institute y profesora en la Universidad Hebrea.

Un sector empresarial con experiencia en crisis

Según Flug, la resiliencia de la economía israelí se explica en gran medida por la experiencia acumulada del sector empresarial en períodos de conflicto intenso, lo que le permite tanto sostener la actividad durante los combates como recuperarse rápidamente después. Esa capacidad de rebote ya se había observado tras la pandemia de covid-19, y volvió a manifestarse en el trimestre posterior al 7 de octubre de 2023, cuando la economía retomó rápidamente una senda de crecimiento.

Fortalezas estructurales previas a la guerra

Flug identificó varios fundamentos macroeconómicos que explican esta capacidad de absorción del shock bélico. Israel ingresó a la guerra con un superávit en la cuenta corriente y un superávit de activos sobre pasivos, resultado de un largo período de solidez externa. La deuda pública se ubicaba en apenas el 60% del PBI al inicio del conflicto, lo que le dio al gobierno margen para aumentar el gasto sin comprometer la sostenibilidad fiscal. A esto se suma un sistema financiero estable y bien capitalizado, que permitió amortiguar el impacto proveyendo crédito a pequeñas y medianas empresas y a los sectores más afectados, como los residentes de zonas fronterizas y los reservistas.

El Banco Central también jugó un rol clave en la estabilidad cambiaria. Con reservas de divisas por 238.000 millones de dólares, la entidad anunció al inicio de la guerra su disposición a intervenir con 30.000 millones de dólares para contener la depreciación de la moneda. La sola magnitud del anuncio bastó para estabilizar el mercado: finalmente solo debió vender 8.000 millones de dólares en el mercado cambiario.

El sector tecnológico como amortiguador

Flug destacó también el rol del sector de alta tecnología, que describió como dinámico, fuerte e innovador, y menos sensible a los acontecimientos locales que otras industrias. Dentro de ese universo, remarcó el crecimiento particular de la industria de defensa israelí, tanto en ciberseguridad como en productos ofensivos y defensivos, cuya demanda internacional se disparó a partir de la efectividad demostrada durante la guerra y del aumento del gasto militar en Europa, compensando parte de la caída registrada en otras áreas de la alta tecnología.

El costo fiscal y sectorial de la guerra

Flug fue clara en que la resiliencia macroeconómica no implica ausencia de costos. La relación deuda/PBI pasó del 60% al 70% durante el conflicto, un salto que, según explicó, tenderá a corregirse mientras la economía siga creciendo, aunque no sin desviar recursos públicos hacia el pago del servicio de la deuda en detrimento del gasto civil. Sectores como el turismo sufrieron una caída dramática de la que no se recuperaron, y la construcción se vio golpeada por la ausencia de trabajadores palestinos. Según sus estimaciones, la brecha entre el nivel de actividad económica actual y el que existiría sin la guerra ronda el 6%.

Mercado laboral ajustado y fuga de talento

Pese al contexto bélico, el mercado laboral israelí se mantuvo firme, con un desempleo por debajo del 3% durante todo el período y salarios en alza, producto tanto de la actividad económica sostenida como de la escasez de mano de obra generada por la movilización de reservistas y la ausencia de trabajadores palestinos.

Flug señaló, sin embargo, una tendencia que calificó de preocupante: el aumento de la emigración de personas altamente calificadas en los últimos dos años, junto con un menor retorno de quienes se reubicaron temporalmente en el exterior. A esto se suma que un número creciente de empresas tecnológicas israelíes optan por cotizar en Estados Unidos en lugar de hacerlo en Israel, un fenómeno que Flug describió como una fuga tanto de capital como de capital humano.

 

Abigail Cohen
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Especialista en Política Internacional y Medio Oriente. Basada en Israel.

Abigail Cohen

Especialista en Política Internacional y Medio Oriente. Basada en Israel.