Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, marca el inicio del calendario hebreo y da comienzo a los llamados Iamim Noraím, los «Días Terribles» o «Días de Temor Reverencial», un período de diez días que culmina en Iom Kipur.
Según la tradición judía, es en este momento cuando Dios evalúa las acciones de cada persona durante el año que termina y determina su destino para el que comienza, incluyendo cuestiones de vida, salud y sustento. Esta creencia es la que le da al día su segundo nombre: Iom HaDin, el «Día del Juicio».
La festividad también conmemora el aniversario de la creación del mundo y del ser humano, momento en el que, según la tradición, el Creador estableció que la humanidad debía rendir cuentas ante Su presencia.
El shofar y sus tres significados
El shofar, un cuerno de carnero, es el símbolo central de la festividad y su sonido concentra varios sentidos a la vez. Funciona como un llamado de despertar espiritual, una especie de alarma para el alma que invita a salir de la rutina y reflexionar sobre las propias acciones.
También evoca la coronación de un rey: así como las trompetas anunciaban antiguamente la llegada de un monarca, el shofar proclama la soberanía de Dios al inicio del nuevo año. Y remite además al relato bíblico de Abraham e Isaac, donde un carnero sustituyó al hijo en el sacrificio, en recuerdo de la fidelidad de los patriarcas.
Tashlij y la cena ritual
En la tarde del primer día se practica el Tashlij: un ritual que consiste en acercarse a un cuerpo de agua natural —río, mar o lago— para recitar oraciones y arrojar simbólicamente los pecados al agua.
En el hogar, la cena festiva incluye alimentos con significado propio: la manzana con miel, que expresa el deseo de un año dulce; la granada, cuyas numerosas semillas representan el anhelo de que las buenas acciones se multipliquen; y la cabeza de pescado, que simboliza la aspiración de liderar con sabiduría y «ser cabeza y no cola».
El saludo y las oraciones de la festividad
Es en este marco que cobra sentido el saludo tradicional: «Shaná tová», que en hebreo significa «buen año». La expresión completa y más extensa, «Leshaná tová tikatevu veteikhatemu», se traduce como «que seas inscripto y sellado para un buen año», una fórmula que apela directamente al proceso de evaluación divina que la tradición sitúa en estas fechas, cuando se pide ser inscripto en el «Libro de la Vida».
Las oraciones comunitarias de estos días incorporan además el poema Avinu Malkeinu («Padre nuestro, Rey nuestro»), una súplica de misericordia frente al juicio divino.

