Investigadores del Weizmann Institute of Science identificaron en pacientes con cáncer de ovario células del sistema inmune capaces de reconocer tumores y producir anticuerpos contra ellos, abriendo una nueva vía hacia el desarrollo de vacunas contra el cáncer.
Un hallazgo que cambia una premisa básica de la oncología
Durante décadas, uno de los supuestos centrales de la oncología fue que el sistema inmune no logra reconocer al cáncer como una amenaza. Los tumores, a diferencia de los virus o las bacterias, son células del propio organismo que han mutado, y se creía que esa similitud les permitía evadir la vigilancia inmunitaria de forma casi permanente.
El nuevo estudio publicado en la revista científica Immunity desafía esa premisa. El equipo del laboratorio del profesor Ziv Shulman analizó muestras de once pacientes con carcinoma seroso de alto grado, el tipo más frecuente y agresivo de cáncer de ovario, y encontró en sus ganglios linfáticos cercanos algo que no se esperaba encontrar: células B de memoria reactivas al tumor, es decir, células del sistema inmune que habían «aprendido» a reconocer las células cancerosas, del mismo modo en que aprenden a reconocer un virus tras una infección o una vacuna.
Al reconstruir en el laboratorio los anticuerpos producidos por esas células, más de un tercio se unió con fuerza a células tumorales y con menor eficacia a células sanas, lo que sugiere una respuesta dirigida y específica. No fue una reacción aleatoria: el sistema inmune había generado una memoria funcional del tumor.
Por qué importa la especificidad del blanco
El hallazgo adquiere otra dimensión cuando se analiza la naturaleza del blanco al que apuntaban los anticuerpos. Algunas de las células B de memoria identificadas producían anticuerpos contra una proteína que los investigadores describieron como clave en la propagación del cáncer de ovario. La lógica que los guía es precisa: si una proteína es esencial para que el tumor sobreviva y se multiplique, mutarla tendría un costo biológico demasiado alto para la célula cancerosa. Un anticuerpo dirigido a ese tipo de blanco podría ofrecer una protección más sostenida en el tiempo.
Este detalle es relevante porque uno de los problemas clínicos más difíciles del cáncer de ovario es la recurrencia. Incluso después de un tratamiento exitoso, pueden quedar células tumorales que, con nuevas mutaciones, logran evadir la vigilancia del sistema inmune y provocar una recaída. La posibilidad de que el organismo ya tenga células programadas para reconocer y atacar esas células —y que esa capacidad pueda ser reforzada o reactivada de forma terapéutica— cambia el escenario.
El camino hacia las vacunas contra el cáncer
El impacto potencial del descubrimiento se extiende más allá del cáncer de ovario. Si el sistema inmune puede desarrollar memoria frente a un tumor en condiciones naturales, la pregunta que se abre es si esa capacidad puede ser inducida de forma deliberada mediante una vacuna, antes de que el cáncer aparezca o recidive.
El Weizmann Institute es una de las instituciones científicas más prolíficas del mundo en investigación básica. Ubicado en Rejovot, a pocos kilómetros al sur de Tel Aviv, el instituto ha liderado en los últimos años una serie de avances en inmunoterapia oncológica. En estudios anteriores, equipos del mismo centro desarrollaron anticuerpos que conectan distintos tipos de células inmunes para crear respuestas coordinadas contra tumores, y moléculas diseñadas para bloquear macrófagos que, en lugar de combatir el cáncer, actúan como sus aliados dentro del tumor.
El nuevo trabajo sobre células B de memoria se inscribe en esa misma línea de investigación: entender cómo el sistema inmune responde naturalmente al cáncer para diseñar intervenciones que amplifiquen esa respuesta. La publicación en Immunity, una de las revistas científicas más rigurosas en el campo de la inmunología, da al hallazgo el respaldo de la revisión por pares.
El cáncer de ovario es uno de los tumores ginecológicos con mayor mortalidad, en parte porque frecuentemente se diagnostica en estadios avanzados y porque las tasas de recurrencia tras el tratamiento inicial son altas. Un mecanismo que permita al sistema inmune sostener una respuesta de largo plazo contra células tumorales residuales podría modificar de forma sustancial el pronóstico de miles de pacientes. Ese es el horizonte que abre el trabajo del laboratorio de Shulman: no reemplazar los tratamientos existentes, sino sumar al organismo como un aliado activo en la lucha contra la enfermedad.
