El ministro de Energía Eli Cohen anunció un nuevo proceso competitivo en aguas económicas israelíes. El gas offshore, carta energética y diplomática a la vez.
Israel volvió a poner sus aguas en el mercado. El país lanzó su quinto proceso competitivo para buscar más gas natural en sus aguas económicas, según anunció el ministro de Energía Eli Cohen, con el objetivo de reforzar la producción doméstica y la posición exportadora.
La apuesta se entiende en contexto. Desde los descubrimientos de Tamar y Leviatán, el gas transformó a Israel de importador crónico de energía en exportador regional, con contratos hacia Egipto y Jordania y la mira puesta en Europa, que desde la guerra en Ucrania busca diversificar proveedores. Cada nueva ronda de licitación amplía el mapa de reservas potenciales y atrae a las grandes petroleras internacionales que ya operan en la cuenca levantina.
El anuncio llega, además, en un momento donde la seguridad energética se volvió tema global: la crisis en Iran asfixió cadenas de suministro y potencias como Estados Unidos, Francia y Japón sienten el impacto. En ese tablero, disponer de gas propio —y de excedentes exportables— es un activo estratégico de primer orden.
Para el lector latinoamericano hay un paralelo sugestivo con Vaca Muerta: dos países que descubrieron en sus recursos energéticos una palanca de inserción internacional, y que enfrentan el mismo dilema de infraestructura, plazos y mercados. La diferencia está en la velocidad de ejecución, un terreno donde Israel suele correr con ventaja.
