El presidente estadounidense dejó de lado el Boeing 747-8 regalado por Doha y voló desde Ankara en el histórico Air Force One de la Guerra Fría. Detrás del cambio sorpresivo hay recomendaciones del Servicio Secreto, dudas sobre el blindaje del nuevo jet y la amenaza declarada de Teherán contra el mandatario.
Donald Trump abandonó Turquía de manera inesperada el miércoles 8 de julio a bordo del viejo Air Force One, en lugar del jet donado por Catar y recientemente reacondicionado que lo había llevado hasta allí, aunque más tarde abordó el avión nuevo en Gran Bretaña para el tramo final hacia Washington. El episodio, que en redes sociales alimentó todo tipo de teorías, tiene una explicación mucho más concreta —y no menos inquietante—: la amenaza iraní.
El Servicio Secreto prefirió el avión de la Guerra Fría
La decisión de partir de Turquía en el avión más antiguo, enviando el jet catarí por adelantado a Inglaterra, estuvo motivada al menos en parte por preocupaciones de seguridad vinculadas a la escalada del conflicto con Irán, según cuatro funcionarios estadounidenses. Dos de ellos señalaron que el personal de seguridad se sentía más cómodo con el presidente a bordo del avión viejo, construido desde cero pensando en la protección del comandante en jefe, antes que en la aeronave recientemente reacondicionada tras la donación catarí.
Según el New York Times, el cambio de aeronave respondió a una recomendación del Servicio Secreto: el jet catarí carece de todas las prestaciones del viejo Air Force One, y la medida fue una precaución impulsada por la agencia y no una respuesta a una amenaza específica de Irán. Un funcionario señaló que el 747 donado por Catar era visto por los militares y el Servicio Secreto como un avión «apurado» para entrar en servicio.
«Soy el número uno en la lista»
Consultado en Ankara sobre si una amenaza de asesinato había motivado el cambio de avión, Trump no respondió directamente, pero reconoció el riesgo. «Soy el número uno en la lista de asesinatos de Irán», dijo ante la prensa al cierre de la cumbre de la OTAN, y agregó que no le importaba realmente. En su cuenta de Truth Social, el mandatario ofreció una versión más liviana: dijo que volaba en el avión viejo porque el jet catarí se dirigía a la base de RAF Mildenhall, en Inglaterra, y a otras bases europeas para que los militares estadounidenses pudieran recorrer la aeronave.
El dato geográfico no es menor: Irán posee misiles y drones con alcance suficiente para cubrir los aproximadamente 1.300 kilómetros desde sus fronteras hasta Turquía, incluidos drones Shahed y misiles balísticos Shahab, aunque según el Center for Strategic and International Studies carece de armamento capaz de golpear con efectividad a Inglaterra, a unos 4.000 kilómetros.
Un «avión puente» bajo sospecha
El jet catarí arrastra cuestionamientos desde su origen. La administración Trump aceptó el regalo en mayo del año pasado y el presidente hizo su vuelo inaugural la semana previa a la cumbre, en un viaje a Dakota del Norte. La Fuerza Aérea afirmó haber gastado menos de 400 millones de dólares en mejoras de seguridad, aunque algunos expertos estiman que el costo real se acerca a los 1.000 millones. Las imágenes del avión captadas desde su presentación muestran que no está equipado con algunos de los sistemas de detección de misiles y contramedidas de los jets más antiguos.
El reacondicionamiento exprés, a cargo del contratista de defensa L3Harris Technologies, llevó a varios expertos a advertir que el avión podría no ser tan seguro como los Air Force One existentes. La aeronave fue concebida como solución transitoria: Boeing trabaja en dos 747-8 construidos a medida bajo un contrato de precio fijo de 3.900 millones de dólares firmado en 2018, un programa que acumula cuatro años de retraso y cuya entrega no se espera antes de mediados de 2028. Es decir, el avión definitivo podría no estar listo antes del final del mandato de Trump.
Para Israel, el episodio confirma una lectura que Jerusalem viene haciendo hace meses: la amenaza iraní contra líderes occidentales no es retórica, y hasta la logística presidencial estadounidense se reorganiza en función de ella.
