La Comisión Real sobre Antisemitismo y Cohesión Social de Australia inició este lunes en Melbourne —la ciudad con la mayor población judía del país— su cuarto bloque de audiencias, con un foco inicial: las experiencias vividas por estudiantes y personal judío en las universidades australianas, especialmente después del ataque del grupo terrorista Hamás contra Israel en octubre de 2023. Los testimonios pintaron un cuadro de hostigamiento creciente, respuestas institucionales tardías y un desgaste cotidiano que llevó a varios testigos a ocultar su identidad judía en el campus.
«Un zumbido de baja intensidad» que escaló
La primera testigo fue una joven identificada solo como Liat, parcialmente desidentificada por razones de seguridad, que ingresó a la Universidad Nacional Australiana (ANU) de Canberra en 2022, a los 18 años. Contó que en la semana de orientación se acercó entusiasmada al club de estudiantes de Medio Oriente, donde la sorprendieron con un «vos no sos de Medio Oriente, sos judía». Describió un «zumbido de baja intensidad de antisemitismo» en forma de chistes sobre narices grandes y judíos hábiles con el dinero, ante los cuales no se sentía capaz de reaccionar.
Todo cambió, relató, con los ataques de Hamás de octubre de 2023, cuando sintió «un horror entumecido y un presentimiento terrible» sobre lo que vendría en el campus. Amigos no judíos dejaron de hablarle; una le dijo que no podían seguir siendo amigas porque ella era sionista. Cuando una revista estudiantil de la ANU publicó un artículo que describía al sionismo como un «proyecto político de extrema derecha», escribió a las autoridades de la universidad, que le respondieron que no tenían autoridad para retirar el texto.
El punto más crítico fue un campamento de protesta contra las acciones de Israel en Gaza instalado durante 110 días en el corazón de la ANU, aparentemente el más prolongado de cualquier universidad australiana. Liat contó que integrantes del campamento la llamaban regularmente «asesina de bebés» y «partidaria del genocidio», y que por su contextura pequeña se sentía físicamente insegura. Aclaró que la bandera palestina no es inherentemente antisemita, pero sostuvo que la saturación de esos símbolos generó «condiciones» para el antisemitismo, y señaló como especialmente angustiantes las consignas «revolución intifada» y «del río al mar, Palestina será libre». Relató además que, durante una contramanifestación, una persona ajena a la universidad les hizo el saludo nazi, y que en una asamblea estudiantil por Zoom otros alumnos hicieron gestos nazis mientras ella hablaba. En ese período, dijo, llegaba a no dar su nombre real al comprar un café en el campus: «Esa serie de microcálculos que hacés todos los días, en cada instancia, es agotadora».
Saludos nazis en el aula y una respuesta «desganada»
La comisión también escuchó a un doctorando de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), identificado con el seudónimo ACJ, que relató que cuatro estudiantes le hicieron el saludo nazi mientras dictaba una clase de negocios. Nieto de sobrevivientes del Holocausto y con historia familiar en los pogromos de Polonia, describió una reacción «visceral»: «Cuando alguien me hace un saludo nazi, siento que quiere matarme». Calificó de «ofensiva» y «desganada» la respuesta de la UNSW, que se limitó a una advertencia verbal a los estudiantes en lugar de tratar el episodio como un hecho criminal. Denunció que, tras reportar el caso él mismo a la policía, dejaron de ofrecerle turnos de docencia, lo que derivó en un reclamo ante la Fair Work Commission alegando represalias. Volvió a trabajar en la universidad, pero con vínculos «tensos», y finalmente se fue. Desde comienzos de 2025, dijo, dejó de reportar incidentes antisemitas por temor a perder su empleo y porque ya no tenía «la voluntad ni la fuerza».
La académica de fonoaudiología Andy Smidt declaró sobre su experiencia en la Universidad de Sídney en 2023, donde a su hijo —estudiante de la misma casa— le ofrecieron escolta de seguridad entre clases por las preocupaciones en torno a los alumnos judíos. Contó que la universidad recién empezó a actuar tras casi un año de recibir quejas, y que el propio proceso de denuncias resultaba abrumador: «La gente estaba quemada solo por el proceso de quejas». Smidt dejó la universidad en febrero de 2024 y dijo declarar en nombre de colegas que temen perder sus trabajos si hablan.
La voz de la vereda de enfrente
Por la tarde, la comisión escuchó a Yasmine Johnson, una australiana judía por linaje —aunque sin apego a Israel, según dijo— y figura central del movimiento Free Palestine en las universidades del país. Johnson, estudiante de la Universidad de Sídney entre 2018 y 2024, organizó allí el primer campamento propalestino de Australia, inspirada en los de los campus estadounidenses, y explicó que la movilización nació de la frustración con los políticos australianos por no criticar a Israel por la situación de los palestinos en Gaza.
Johnson defendió las protestas sin concesiones: «No creo que la legitimidad de los movimientos de justicia social dependa de no ofender nunca a nadie». Interrogada por la comisionada Virginia Bell sobre la consigna «globalizar la intifada» y el miedo que inspira en muchos judíos por su historia violenta, respondió que no exige a los movimientos de los oprimidos «un estándar según el cual nunca puede haber violencia», y sostuvo que la «resistencia violenta» a veces se justifica. Presionada sobre el derecho de Israel a existir, afirmó que «la premisa de que Israel debe existir es una premisa racista». También apuntó contra la enviada especial del gobierno federal para combatir el antisemitismo, Jillian Segal, a quien acusó de «negacionismo del genocidio» por cuestionar las cifras de muertos en Gaza; Segal había declarado ante la comisión que consideraba esas estadísticas «groseramente infladas» por provenir del ministerio de salud gazatí, controlado por Hamás. La ONU cita regularmente esas cifras —que superan los 70.000 muertos desde octubre de 2023— y sus registros fueron considerados confiables en conflictos anteriores.
El contrapunto entre los testimonios expuso el nudo que la comisión deberá desatar: dónde termina la protesta política legítima y dónde empieza el hostigamiento a una comunidad. En septiembre de 2025, una comisión de investigación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU concluyó que en Gaza se está cometiendo un genocidio, una acusación que Israel rechaza. Las audiencias continuarán con encuestas y estudios sobre la experiencia universitaria judía en Australia, las respuestas de las universidades y la evidencia del Departamento de Educación.
