Yossi Vardi nació en Tel Aviv en 1942, estudió en el Technion y lleva más de cinco décadas cofundando empresas tecnológicas israelíes. Es el inversor fundador de Mirabilis, la startup que creó ICQ, el primer sistema de mensajería instantánea de la historia de internet.
Del Technion al primer ministerio de energía de Israel
La carrera de Yossi Vardi no comenzó en Silicon Valley ni en una incubadora. Comenzó en un ministerio. A los 27 años fue designado Director General del Ministerio de Desarrollo de Israel, convirtiéndose en el más joven en ocupar ese cargo en la historia del Estado. Poco después asumió la Dirección General del Ministerio de Energía, donde condujo las negociaciones petroleras en el marco de los acuerdos de paz con Egipto y encabezó el descubrimiento y desarrollo de campos petrolíferos israelíes en el Golfo de Suez.
Esa combinación de formación técnica en el Technion —donde obtuvo su licenciatura, su maestría y su doctorado en Investigación Operativa— y experiencia en el Estado moldearía su visión empresarial: pensar en sistemas, no en productos aislados. Al dejar el servicio público, cofundó TEKEM, una de las primeras empresas de software de Israel, que se convertiría en la mayor del país en su rubro durante los años setenta. Vinieron luego Alon Oil —hoy la mayor empresa de energía de Israel—, International Laser Technologies y Granite Hacarmel, entre otras.
ICQ y el efecto Mirabilis: 75.000 dólares que cambiaron internet
En 1996, Vardi tomó la decisión que definiría su legado global. Su hijo Arik, junto a tres socios, tenía una idea: crear un programa que permitiera a cualquier persona comunicarse en tiempo real con otra persona en cualquier parte del mundo, sin correo electrónico, sin intermediarios, sin esperar. Vardi invirtió 75.000 dólares en la startup que llamaron Mirabilis.
Diecinueve meses después, AOL compró Mirabilis por 407 millones de dólares en efectivo, en una de las adquisiciones más grandes de la historia tecnológica israelí hasta ese momento. ICQ había acumulado cientos de millones de descargas y demostrado algo que nadie había probado a esa escala: que una aplicación gratuita, sin modelo de ingresos tradicional, podía crecer de forma viral y valer cientos de millones.
El impacto fue inmediato y duradero. Forbes describió cómo, de la noche a la mañana, surgió la expresión «efecto Mirabilis» para definir la aspiración de toda una generación de jóvenes emprendedores israelíes que querían replicar ese éxito. No fue solo una venta corporativa: fue el momento fundacional de la cultura startup israelí tal como se conoce hoy.
Más de 85 empresas y el rol de arquitecto del ecosistema
Después de Mirabilis, Yossi Vardi no se retiró. Se convirtió en lo que hoy se llama un inversor ángel de etapa temprana, aunque él ya cumplía ese rol antes de que existiera el término. Desde entonces participó en la fundación o el desarrollo de más de 85 empresas tecnológicas en áreas que van desde software e internet hasta electroóptica, agua limpia y tecnología móvil.
Entre sus inversiones figuran empresas que fueron adquiridas por Microsoft, Yahoo, eBay, Cisco e IAC, y otras que salieron a bolsa en el Nasdaq. También integra el directorio del Technion y formó parte de los consejos de supervisión del Weizmann Institute y la Hebrew University, cerrando el círculo entre el capital de riesgo y la investigación científica de base.
Su influencia trasciende las carteras de inversión. Vardi fundó Kinnernet, un encuentro anual de tres días a orillas del Mar de Galilea para personas creativas de todo el mundo, y preside 4YFN, el evento de startups del Mobile World Congress de Barcelona. Es copresidente de la conferencia DLD en Múnich y forma parte del Foro Económico Mundial de Davos. El Wall Street Journal Europe lo incluyó en su lista «Tech’s Top 25» y Ynet lo ubicó entre los 200 israelíes más importantes de todos los tiempos.
Por qué Vardi importa más allá de Israel
Para entender la Start-Up Nation —el fenómeno que convirtió a Israel en el país con más empresas en el Nasdaq fuera de Estados Unidos y China— es imposible omitir a Yossi Vardi. No porque haya fundado el ecosistema solo, sino porque encarna sus condiciones de posibilidad: formación técnica de élite, paso por el Estado, disposición al riesgo temprano y red global construida sobre décadas de trabajo.
Vardi recibió dos veces el Premio del Primer Ministro por logros de vida en alta tecnología, el título de Emprendedor del Año de la Universidad de Tel Aviv y el doctorado honorario del Technion y de la Universidad Ben Gurión. Tiene también una patente compartida en mensajería instantánea por teléfono, lo que lo convierte no solo en inversor de la tecnología que transformó la comunicación humana, sino en uno de sus creadores formales.
A más de cincuenta años de su primera empresa, Vardi sigue activo. Es el eslabón más largo —y probablemente más influyente— de la cadena que conecta el Israel tecnológico de los años setenta con el ecosistema global de innovación del siglo veintiuno.
