Hadassah lidera en Israel una revolución de la medicina personalizada con organoides para tratar el cáncer

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El Centro de Investigación de Organoides del hospital, fundado en 2020, ya trabaja con más de 500 pacientes y busca predecir con precisión qué tratamiento le sirve a cada persona.

En el Hospital Hadassah de Jerusalén funciona desde octubre de 2020 un centro que está cambiando la forma en que Israel encara el tratamiento del cáncer y otras enfermedades. Lo dirige la bióloga Myriam Grunewald junto a la gastroenteróloga pediátrica Liron Birimberg-Schwartz, y su herramienta central son los organoides: estructuras tridimensionales de tejido humano cultivadas en laboratorio a partir de biopsias, que se comportan de manera muy similar a como lo hacen los órganos dentro del cuerpo.

Cómo se fabrica un organoide

El proceso arranca con una biopsia obtenida durante una cirugía o un estudio como una endoscopía. En el laboratorio, ese tejido se descompone hasta obtener una mezcla de células que luego se depositan en un gel especial. Ese entorno les permite organizarse en tres dimensiones y, alimentadas con un medio de cultivo que aporta todo lo necesario, las células crecen, se dividen y se diferencian como si siguieran dentro del organismo. El resultado son pequeñas esferas de tejido que pueden observarse bajo microscopios de alta precisión.

El origen de la técnica

La idea de crear el centro surgió cuando el profesor Eyal Mishani, jefe de la División de Investigación y Desarrollo de Hadassah, identificó que la tecnología de organoides —entonces limitada a unos pocos laboratorios en el mundo— podía traerse a Israel. El desarrollo científico detrás de esta técnica se remonta a 2009, cuando el genetista molecular Hans Clevers publicó en Utrecht, Países Bajos, dos investigaciones que demostraron que era posible cultivar tejidos preservando su autenticidad biológica. El impulso definitivo llegó de la mano de la FDA estadounidense, que reclamó a la comunidad científica un modelo más fiel al comportamiento humano real: de 250 fármacos probados con los modelos clásicos en animales o células aisladas, solo uno termina replicando el mismo efecto en pacientes.

Cinco años de crecimiento

El equipo empezó en una sala pequeña, con apenas tres integrantes, tramitando las aprobaciones necesarias del comité de ética de Hadassah y del Ministerio de Salud israelí para trabajar con material humano. A partir de protocolos científicos existentes, que fueron ajustando con la experiencia, el centro construyó una red de colaboración interna con oncólogos, gastroenterólogos, neumólogos y patólogos, organizada incluso a través de grupos de mensajería para identificar pacientes candidatos. Hoy el biobanco del centro reúne organoides de más de 500 pacientes, tanto de tejido enfermo como sano.

Medicina a medida de cada paciente

El objetivo central del centro es la medicina personalizada: en lugar de aplicar el mismo protocolo a todos los pacientes con un mismo diagnóstico, el equipo analiza la genética individual, las mutaciones presentes, los resultados patológicos y datos clínicos generales para anticipar qué tratamiento va a funcionar en cada caso. Hadassah lanzó en esa línea un proyecto sobre cáncer de mama junto al profesor Shai Rosenberg, jefe del Servicio de Medicina Computacional, que combina análisis genómico, evaluación oncológica y cultivo de organoides para predecir la respuesta terapéutica antes de administrar el tratamiento.

Evitar tratamientos que no funcionan

Uno de los usos más concretos de la técnica es evitar quimioterapias ineficaces previas a una cirugía. Cuando un tumor operable requiere reducirse antes con quimioterapia, la mitad de los pacientes no responde al tratamiento y pierde tiempo valioso mientras el tumor se mantiene igual o avanza. Crear un organoide a partir del propio tumor permite probar distintos fármacos antes de aplicarlos y advertir al oncólogo si conviene cambiar de estrategia.

Validación clínica ya en marcha

El centro ya cuenta con evidencia de que la respuesta de los organoides se corresponde con la respuesta real de los pacientes. En fibrosis quística, por ejemplo, los organoides creados a partir de biopsias de colon permiten comprobar en pocos días si un fármaco corrige la proteína afectada por la enfermedad, gracias a un ensayo simple en el que el cultivo se hincha al agregar agua si el tratamiento resultó efectivo. En oncología, el equipo también registró casos concretos en los que la recomendación surgida del análisis de organoides —sumar quimioterapia adicional a un tratamiento de radioterapia— evitó una recaída.

El siguiente paso: trasplantes de organoides

Grunewald adelantó que la investigación ya avanza hacia el trasplante de organoides sanos para reemplazar tejido enfermo, una técnica que en Japón se aplica de forma experimental en intestino y que en Hadassah se está probando en tejido uterino. El centro también incorpora inteligencia artificial para identificar patrones en los cultivos y mejorar las predicciones sobre qué droga conviene en cada caso, en un desarrollo que avanza en paralelo con las mejoras en tecnología de microscopía.

Proyección internacional

El equipo de Hadassah viajará en agosto al Marine Biological Laboratory de Boston, Estados Unidos, para dictar un curso sobre creación y uso de organoides. El centro también recibió la consulta de un investigador peruano interesado en establecer un centro de organoides en un hospital de Perú. Según Grunewald, Estados Unidos recién abrió en 2025 un centro de este tipo, con un presupuesto de 85 millones de dólares, cinco años después de que Hadassah pusiera en marcha el suyo.

Trabajar en medio de la guerra

Grunewald también relató que el laboratorio continuó funcionando durante los períodos de ataques con misiles sobre Israel, organizando al personal en turnos para no interrumpir la actividad mientras se resguardaban en refugios. Describió esa continuidad como parte de una capacidad de adaptación que atraviesa a la sociedad israelí en su conjunto.

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