Un equipo de la Universidad de Tel Aviv demostró que las plántulas de girasol no siempre crecen hacia la luz más intensa: combinan de forma no lineal señales captadas a lo largo del tallo y pueden «equivocarse». El trabajo, publicado en PNAS, propone un modelo físico de la percepción sin cerebro.
Investigadores de la Universidad de Tel Aviv (TAU) comprobaron que las plantas pueden percibir la luz de manera distorsionada, en un fenómeno comparable a una ilusión óptica. El estudio, difundido en Israel el 18 de octubre de 2026 por el portal Ynet, se publicó en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), volumen 123, número 39. Lo firman Ahron Kempinski, el Dr. Amir Porat, el Dr. Mathieu Rivière y la Prof. Yasmine Meroz, de la Escuela de Ciencias Vegetales y Seguridad Alimentaria y del Centro de Física y Química de los Sistemas Vivos de TAU.
La pregunta de fondo es cómo un organismo sin sistema nervioso central integra información que le llega desde distintos puntos. A diferencia del ojo humano, que concentra la percepción en un solo órgano, los receptores de luz de una planta están repartidos por la capa externa del tallo. Cada zona capta la luz y la procesa por su cuenta antes de que esas señales se combinen en una única respuesta de crecimiento, conocida como fototropismo.
El experimento: luces enfrentadas y una más débil
El equipo expuso plántulas de girasol (Helianthus annuus) a luz azul de distintas intensidades y direcciones, y registró su movimiento durante más de 20 horas. Con una sola fuente, las plantas se inclinaron hacia el lado más iluminado, pero la curvatura no fue proporcional a la diferencia de intensidad: duplicar la luz no duplica la señal biológica.
A partir de esa observación, los científicos construyeron un modelo matemático en el que la luz se capta localmente alrededor del tallo, se transforma de manera no lineal y luego se suma como vectores. Según el artículo, el modelo predijo con acierto la dirección y el grado de curvatura observados.
La prueba más llamativa combinó dos luces fuertes e iguales, enfrentadas entre sí, con una tercera más débil colocada en ángulo recto. Las plántulas crecieron hacia la luz débil. La explicación es que las dos señales fuertes se anularon mutuamente, tal como anticipaba el modelo.
Una «ilusión óptica» sin ojos ni cerebro
El hallazgo central es que la planta no responde a la suma física de la luz que recibe, sino a la suma de las señales ya procesadas por cada región del tallo. Por eso, la dirección en que crece puede apartarse de forma sistemática de la dirección real de máxima iluminación. Los autores lo describen como una distorsión perceptiva: una diferencia entre el mapa real de la luz y la forma en que la planta lo representa.

Conviene separar lo demostrado de lo previsto. La anulación de las luces opuestas se confirmó en el laboratorio. En cambio, la desviación tipo ilusión surge del modelo y, según el propio informe, resultó tan pequeña que no pudo medirse de forma directa por las fluctuaciones naturales del movimiento de las plantas.
Meroz explicó a Ynet que la planta no mide su entorno desde un único punto central, como el ojo humano, sino que reúne información en distintas partes del tallo y la procesa localmente. A su juicio, el mismo principio podría aplicarse a células, bacterias y otros sistemas biológicos que perciben de manera distribuida, aunque esto se plantea como una hipótesis.
Impacto: ciencia básica con proyección internacional
El trabajo consolida a la Universidad de Tel Aviv como un polo de investigación en la frontera entre la física y la biología vegetal. El laboratorio de Meroz ya había llamado la atención en 2024 con un estudio en Physical Review X, junto a la Universidad de Colorado en Boulder, que mostró cómo los girasoles plantados en grupo se mueven de forma coordinada para repartirse la luz.
La nueva investigación también refleja la cooperación científica de Israel con Europa: dos de sus autores tienen afiliaciones adicionales en el Laboratorio Sainsbury de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y en el CNRS y la Universidad de Aix-Marsella, en Francia. Fue financiada por la Fundación Israelí para la Ciencia (ISF) y la Gatsby Charitable Foundation.
Se trata de ciencia básica, sin una aplicación comercial anunciada. Su valor está en ofrecer un marco general y comprobable para entender cómo los seres vivos sin un centro de control interpretan su entorno.
Con un experimento sencillo y un modelo físico preciso, el equipo de la Prof. Yasmine Meroz mostró que la percepción de las plantas tiene sus propias reglas y sus propios sesgos. El estudio publicado en PNAS abre una línea de trabajo que podría extenderse a otros sistemas biológicos que, como el tallo de un girasol, «ven» el mundo por partes.
