Washington vuelve a chocar con Beijing: Trump acusa a China de interferencia electoral y pone en riesgo la cumbre con Xi

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A dos meses de la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, el presidente estadounidense reavivó denuncias sin sustento sobre la elección de 2020. China respondió con dureza y la distensión entre las dos superpotencias vuelve a quedar en suspenso, con implicancias para todos los aliados de Washington.

La cumbre que debía sellar la distensión entre Estados Unidos y China quedó envuelta en incertidumbre. El presidente Donald Trump utilizó un discurso a la nación en horario central, pronunciado el jueves desde la Casa Blanca, para acusar a Beijing de haber interferido en elecciones clave de su país, apenas dos meses después de haber acordado con Xi Jinping —durante su encuentro de mayo en la capital china— construir una relación bilateral «constructiva y estable».

El núcleo de la acusación, que carece de respaldo probatorio, es que China habría obtenido ilegalmente los registros de 220 millones de votantes estadounidenses durante el ciclo electoral de 2020, incluyendo nombres, domicilios, teléfonos y afiliaciones partidarias. Para Trump, esa supuesta filtración configura una pesadilla sin precedentes para la seguridad electoral estadounidense.

Una acusación con historia y calendario

Las denuncias no son nuevas ni casuales. Trump sostiene desde hace años que la elección presidencial de 2020, que perdió, fue fraudulenta, y ya había acusado a potencias extranjeras —China entre ellas— de intromisión electoral durante su primer mandato. El problema es el antecedente documental: una evaluación de la comunidad de inteligencia estadounidense, hecha pública en marzo de 2021, concluyó que no había evidencia de que Beijing hubiera intentado influir indebidamente en aquellos comicios.

El momento elegido tampoco es inocente. A pocos meses de las elecciones legislativas de medio término de noviembre, y con índices de aprobación en baja, el presidente republicano reinstala el fantasma del fraude como eje de campaña. La Casa Blanca acompañó el discurso con el lanzamiento de un sitio web sobre «integridad electoral» que reúne documentos de inteligencia desclasificados que, según el gobierno, avalan las denuncias. En la misma alocución, Trump amenazó con revocar las licencias de las cadenas de televisión que se negaron a transmitirlo en vivo.

Beijing responde y la diplomacia contiene la respiración

La réplica china llegó al día siguiente. Lin Jian, vocero de la Cancillería, calificó las acusaciones de difamaciones maliciosas y carentes de todo fundamento, e instó a Washington a no convertir a China en materia de campaña electoral. Consultado sobre la visita de Xi a Estados Unidos, prevista para septiembre en la Casa Blanca, evitó confirmar cambios pero dejó claro que Beijing espera gestos que beneficien la relación bilateral.

Queda abierto el interrogante de fondo: si la cumbre se realizará, en qué clima, y qué costo tendrá la escalada verbal sobre una agenda que incluye comercio, tecnología y seguridad regional.

Lo que se juega para los aliados de Washington

Para los socios de Estados Unidos —Israel entre ellos— el episodio confirma una lección incómoda: la relación entre las dos mayores potencias del planeta puede pasar de la distensión a la confrontación en cuestión de días, empujada no por la diplomacia sino por el calendario electoral estadounidense. Los países que, como Israel, deben equilibrar su alianza estratégica con Washington con vínculos comerciales y tecnológicos significativos con China, navegan un tablero cuya volatilidad no controlan. Cada ciclo electoral en Estados Unidos reconfigura los márgenes de esa ecuación, y el de noviembre no será la excepción.

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